Futbolista y genio

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Si algo constató el 1-O es que la distancia entre España y Catalunya nunca ha sido tanta como en este momento. Hasta se le saltaron las lágrimas a Gerard Piqué tras vivir “el momento más duro de mi carrera” al tener que jugar ante Las Palmas a puerta cerrada tras no haber consenso en el vestuario para no disputar el partido en señal de apoyo a los más de 800 heridos con los que se saldaron las actuaciones policiales en Catalunya a raíz del referéndum de autodeterminación no autorizado por el estado. El central, siempre amo de sus palabras, se quedó sin ellas. Y por primera vez se dirigió frontalmente a un responsable político. Fue Mariano Rajoy el foco de su impotencia, que derivó en llanto: “va por el mundo sin saber hablar inglés”.

Con ello el central quiso reafirmar el escaso perfil intelectual que le advierte al presidente del Gobierno español. “Tiene el nivel que tiene” se resignaba Piqué ante los micrófonos de todos los medios, que le esperaban por ser alguien poco dado al tópico y al que le gusta salirse de los márgenes de lo establecido a pesar de las feroces críticas que ha vivido y vivirá por decir lo que siente sin tapujos. Porque sabe que lo que dice no son idioteces, a pesar de que de vez en cuando le guste soltar alguna. Pues Piqué no es un cualquiera. Si exige un mínimo don de lenguas al presidente del Gobierno es porque lo requiere el mundo globalizado y la Europa en la que ambos viven. A fin de cuentas, alguien con un coeficiente intelectual superior a 140 sabe que no se puede vivir de espaldas al mundo como Rajoy lo está haciendo de la sociedad catalana, porque todos los días hay algo que aprender.

Es una máxima que aprendió hace pocos meses en la prestigiosa universidad de Harvard, donde participó en el curso ‘El negocio del entretenimiento, los medios de comunicación y el deporte’ a cargo de la catedrática Anita Elberse, compartiendo pupitre con deportistas de élite como CJ McCollum, Jamie Heaslip, Alisson Feaster y Rashean Mathis, además de la actriz Katie Holmes, entre muchos otros alumnos que usaron el inglés como vehículo de conocimiento, una lengua que Rajoy se conoce que no habla a pesar de que tanto en Harvard como en Bruselas, con Holmes o con Angela Merkel de interlocutora, no se escuche otra cosa.

De algún modo, lo que choca son dos formas opuestas de ver la vida: la del que hace carrera en un solo sitio y la del que no deja de formarse para sobrevivir en una época de cambios constantes. Lo viejo contra lo nuevo, vamos.

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