Trump va por las propinas de los meseros

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Se ha hablado poco de este tema en el mes de enero, pero toca recordar que poco antes de que acabara el año 2017, el Departamento del Trabajo propuso una resolución que autorizaría a los propietarios de restaurantes a apropiarse de las propinas dejadas por los clientes, siempre y cuando sus empleados ganen el salario mínimo.
Comparado con la regulación que prevaleció durante la administración Obama, este cambio parece un tecnicismo, pero va más allá, y tiene otras repercusiones, y podrá ser visto en el futuro como una de las tantas marcas dejadas por la “Era Trump”.
Si finalmente la regulación llega a aprobarse, supondría que 5.800 millones de dólares anuales pasarían de manos de los camareros a los dueños de los establecimientos.
Empleados de restaurantes y otros trabajadores de los servicios que suelen ser recompensados con propinas se verían obligados a compartir ese dinero con sus colegas, trabajadores no-directos, que no reciben propinas (como empleados de la cocina), gracias a la resolución propuesta del Departamento de Trabajo que ha gozado del respaldo de los propietarios.
“La propuesta ayudaría a disminuir las disparidades salariales entre los trabajadores con y sin propinas -argumentó en su momento esta oficina del gobierno-, ya que los empleados “de la casa”, cuya posición no implica que interactúen con el público, “contribuyen a la experiencia general del cliente”.
Esta decisión dejaría sin vigor una regulación fijada en 2011 durante el mandato de Obama, según la cual las propinas eran propiedad exclusiva de quienes la recibían en mano propia.
La postura de los empresarios
La propuesta de diciembre vino acompañada por la presión y el desafío de la Asociación Nacional de Restaurantes, cuyos responsables llegaron incluso a acudir a los tribunales. Este colectivo buscaba obligar a los empleados directos en el servicio -en casinos, hoteles y restaurantes- a compartir las propinas, algo que hasta la fecha tiene un carácter de voluntario.
También hasta esa fecha, los gerentes de empresas tienen prohibido exigirles a los empleados directos que compartieran sus propinas con los otros, sobre todo si los primeros obtenían por contrato menos del salario mínimo federal completo.
Lo que dicen los trabajadores
Del otro lado de la cuerda, tanto sindicalistas, como activistas y los mismos empleados directos abogaban por que los dueños de los restaurantes y hoteles elevaran como se debe los salarios de los trabajadores indirectos -cocineros, lavaplatos y otros trabajadores que no interactúan con la clientela-, en lugar de cargar sobre la espalda de otros la responsabilidad de que estos empleados estén contentos con sus salarios.
“Todo lo que hará esta propuesta es dificultar que los trabajadores que reciben propinas salgan adelante, otro ejemplo más de la elevación de los intereses corporativos de la administración Trump a los de la gente trabajadora”, declaró Christine Owens, directora ejecutiva del Proyecto Nacional de Ley de Empleo, al diario Wall Street Journal.
En julio pasado, el portal Newsweek advertía del peligro de que bajo la nueva regulación los dueños de establecimientos de alimentación siguieran pagándoles a sus empleados unos 7.25 por hora, y que se apropiaran de las propinas con el argumento de que deben compartirlas con el resto del personal.
Conocido como “Robin Hood a la inversa”, este concepto se presta para que sean los camareros de los restaurantes quienes eleven los ingresos de sus colegas con las propinas dejadas por los clientes, en lugar de que sea el dueño quien les eleve los salarios a esos últimos.
Más dinero para los empresarios
Desde el Economic Policy Institute, la economista Heidi Shierholz advirtió también que esta regulación les permitirá a los empleadores guardar las propinas para ellos mismos, siempre que puedan demostrar ante la ley que sus empleados reciben el salario mínimo básico.
“Esta sería una gran transferencia de dinero de los trabajadores a los empleadores -precisó Shierholz, quien anteriormente había trabajado en el Departamento de Trabajo bajo la administración Obama-. La industria de los restaurantes ha querido esto siempre. Ellos quieren quedarse las propinas”.
Un estudio reciente del Economic Policy Institute (de tendencia de izquierdas) asegura que con la nueva regulación se transferirían 5.800 millones de dólares al año de los trabajadores a los empresarios, con cerca del 80% de esas propinas saliendo directamente de las trabajadoras.
La actual resolución echaría por tierra la norma de la época de Obama que establecía el punto lógico de que las propinas son propiedad de los camareros y no pueden ser tomados por el dueño del restaurante, mucho menos para compensar los bajos salarios de los trabajadores indirectos.
Los camareros en los restaurantes se encuentran entre los trabajadores peor pagados de nuestra economía. El salario medio por hora para los camareros fue de menos de 10 dólares por hora en 2015, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales.
La resolución, presentada en diciembre de 2017, estaba sujeta a un período de comentarios de 30 días pero este se ha extendido hasta el 5 de febrero. Se espera que después de este el Departamento de Trabajo tome una decisión.

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