Un regreso casi milagroso

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ESPN

Recostado en una cama de hospital, la rodilla severamente dañada y flexionada fuera de forma, Josh Sweat recibió la peor noticia posible.

“Estoy 99 por ciento seguro de que no volverás a jugar al fútbol americano”, recuerda le dijeron. “Y existe una buena posibilidad de que la tengamos que amputar”.

Hay varias versiones respecto al nivel del experto médico en su cuarto de hospital que entregó tan desolador pronóstico. ¿Un doctor? ¿Un practicante de enfermería? Sea cual sea el caso, era una voz autorizada, una voz que todavía vive en Sweat.

Recitó esas palabras mientras estuvo parado dentro de las instalaciones de los Philadelphia Eagles la semana pasada, a cuatro años repletos de fútbol americano de aquel momento y recién terminada su primera práctica como profesional.

Las preguntas que siguieron al debut de campamento para novatos de Sweat fueron sobre todo en torno a la rodilla izquierda cubierta. Rodeada de reporteros y con la espalda hacia el NovaCare Complex a unos pasos del campo, el recluta de cuarta ronda de Florida State comenzó la rutina de tratar de asegurar a los escépticos que la brutal lesión sufrida en su último año de preparatoria no lo limitaría, sonriendo en todo momento.

“Simplemente quiero que la gente sepa que todo está bien”, dijo en un momento más silencioso mientras se dirigía hacia el vestidor. “De todos modos me hizo caer [en el draft], pero todo está bien. No importa. Estoy aquí ahora”.

 

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